Los días pasan para convertirse en semanas que se hacen meses, cuatro ya, y has decidido decirme algo, lo has hecho de la única manera que sabes y has elegido un buen momento, me has hecho muy feliz. Estaba relajada, disfrutando de mi segunda iniciación en Reiki, respirando, pensando, respirando, contando y dándote energía. Así estaba, y decidiste apoyarte sobre mi, dejaste de nadar en tu bolsa y tropezaste repetidamente contra el límite que te proporciona mi barriga, te sentí por dentro y en la palma de mi mano, fue un momento maravilloso, en todo este tiempo nunca había sentido que tienes vida. Quiero saber de qué sexo eres, quiero saberlo para dirigirme a ti como te mereces, llenas de ilusión las pequeñas fantasías que comienzo a tener, llenas de esperanza los sueños que me permito explorar y tengo ganas de saber cómo encajarás en mi vida.
Gracias por decirme que estás ahí, es agradable sentirte, me estás dando tanto paz.
No quiero dejar pasar la ocasión sin mencionar una noticia de estos días, me refiero al hecho de decidir tener un hijo para salvar a otro.
El respeto que ha mostrado esa madre es digno de mención, y digo respeto porque la Iglesia y esa parte de practicantes mal educados se han permitido el lujo de juzgarla, y poco menos, sentenciarla. Y ella, con la felicidad y la tranquilidad de saber que no ha hecho nada malo, declara públicamente que respeta todo lo que se ha vertido sobre su familia, como nadie ha sabido ponerse por encima de tanta mezquindad y no ha permitido que nada ni nadie empañe su momento, tenemos tanto que aprender!, no nos daña quien quiere sino a quien dejamos.
Extraigo un párrafo que publica en su columna hoy Manuel Vicent en relación a este tema: "Los cavernícolas seguirán clamando en público contra los peligros de la ciencia, mientras en privado no dejarán de usar en propio beneficio todas las ventajas que les depare el progreso llevado a cabo por quienes ellos han condenado", hipócritas.
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